La respuesta corta es: sí. Y aunque como mamás nos preocupe ver a nuestros hijos tristes, incluso cuando todo «parece estar bien», debemos saber que sentir tristeza sin una causa visible es parte del desarrollo emocional.
Los niños a veces no saben identificar lo que les pasa. Puede ser algo pequeño, como no ver a un amiguito o extrañar una rutina. O puede ser algo interno, como una necesidad de descanso o de atención emocional.
En mi experiencia con Santi, muchas veces he querido entender exactamente qué le pasa, saber la razón detrás de su tristeza, para poder ayudarlo mejor. Pero con el tiempo he aprendido que, en esos momentos, lo que más necesita no es una explicación, sino que simplemente lo abrace. Me ha tomado ensayo y error darme cuenta de esto. Y sigue siendo un aprendizaje diario, porque Santi crece, cambia, y yo voy ajustándome también.
A veces queremos resolver, entender, buscar una lógica. Pero lo más sanador es la presencia. Aunque nuestra mente diga «no entiendo por qué está así», nuestro corazón puede decir: «no importa, aquí estoy». Es desde ahí donde se construye la seguridad emocional.
Entonces, ¿qué hacer si mi hijo está triste y no sabe por qué?
- Acompaña sin presionar: «No tienes que saber por qué estás triste para que yo te abrace.»
- Evita buscar lógicas adultas: muchas veces no las hay.
- Crea rutinas que den seguridad emocional: un cuento, una canción, un rato juntos.
Sentir tristeza es parte de vivir. Enseñarles que no hay que esconderla es un regalo para toda la vida.
