Los libros pueden abrir conversaciones profundas si sabemos cómo usarlos. Leer juntos un cuento sobre tristeza, rabia o alegría puede ser la puerta para que tu hijo te cuente lo que está sintiendo. Pero a veces, no sabemos qué preguntar.
Después de leer con Santi, he aprendido que no se trata de interrogar, sino de invitar. Aquí te dejo algunas preguntas sencillas pero poderosas:
Preguntas para abrir la conversación:
- ¿Qué parte del cuento te gustó más? ¿Y cuál menos?
- ¿Alguna vez te sentiste como ese personaje?
- ¿Qué crees que estaba sintiendo él o ella?
- ¿Qué habrías hecho tú en su lugar?
- ¿Qué final diferente le pondrías al cuento?
No necesitas hacerlas todas ni convertir la lectura en una clase. A veces una sola pregunta, bien acompañada, puede abrir el corazón.
Y si no quiere hablar, está bien también. Lo importante es que sepa que puede hacerlo cuando esté listo.
Leer juntos no es solo una actividad: es un puente para conocernos, entendernos y crecer juntos.
